Recuerdo el momento en el que decidí mirar siempre al frente. Fue entonces cuando el cielo me regaló el mejor horizonte.
Pero también recuerdo aquellos días en los que estaba perdido o los míos se perdían. Siempre buscaba la mejor manera de encontrarme y que se encontraran. En ese momento fue cuando escribí en un trocito de tela arrugado que os cedía el mundo y que yo me quedaría en segundo plano. Así, me aseguraría seguir viendo las mismas caras y no perderos nunca de vista. Acabé por entender, que mi mundo no era más, que un pañuelo. Supongo que de ahí la expresión...
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